El hombre desborda de placeres como todos bien sabemos, algunos son consecuencia de necesidades básicas que impulsan el deseo con tal de cumplir un objetivo, una tarea de mantenimiento, una función energética, un liberación de desechos (como también de productos) llegando a la conclusión que el desarrollo en si mismo fue el que nos proporciono sin la menor consulta estos placeres, por decirlo así algo impuestos, pero que nadie se atreve a rechazarlos, no por falta de voluntad sino porque sería estúpido hacerlo en los casos más generales: comer, dormir, "sacar" (después de haber comido). Hay otros que albergan un mayor albedrió, al no tener consecuencias directas si se realizan o no se realizan; el ejemplo más conocido lo expresó de forma magnífica Anthony Burgess en su novela "La naranja mecánica", el famoso "mete-saca-mete-saca" y todas sus esplendorosas formas, variaciones y combinaciones que siempre dan como resultado el mismo final.
Pero a diferencia de lo que algunos ya se habrán imaginado esto no es una oda a dichos placeres primarios o impuestos, sino por el contrario, a aquellos placeres que el hombre crea a partir de la insatisfacción personal, cansado de vivir al borde de la cúspide sin arriesgarse a caer. Puede que fuera el curso natural del tiempo, pero aun así doy gracias a que el ser humano haya logrado caer de aquella cúspide varias veces, y que haya logrado encontrar aquellos “placeres” que fue innatando desde su raciocinio hasta el punto que podamos bautizarlos como el mismísimo Arte, la expresión humana más noble, sublime, regocijadora… el comer, dormir, meter y sacar de la mente. Aun así no vamos a envolver tal inmensidad de belleza ya que sería cercano a lo imposible, más bien vamos a tocar el fruto del arte en el siglo XX, el séptimo hijo de los placeres concebidos: La cinematografía.
Etimológicamente hablando es la técnica de mostrar imágenes en movimiento, esa es la carne de la que se constituye pero falta la esencia, el propósito, la belleza y en muy poco tiempo ya dejan de ser secuencias fotográficas que mostraban trenes, paisajes, animales sino que se inunda por el placer artístico de expresar el objetivo humano mediante ella. Se introducen los actos de personas, se funde el movimiento, las imágenes y el acto teatral en un solo estilo novedoso y mental. Pronto el nombre se abrevio suprimiendo su mitad grafica quedando solamente “cine” como lo conocemos hoy en día. Este arte como los seis anteriores posee la habilidad de ser creador de su propia estirpe, de diseminarse en cuantas esencias, géneros y propósitos se quiera; en este siglo surgieron casi de forma paralela las dos estirpes más altas en la cadena de las cuales desembocan las demás, por el hecho de no corresponder a sentimientos ni temas sino a propósitos: 1) El cine comercial con un propósito económico y con una modalidad expansiva entre las masas. 2) El cine arte o cine de autor con un propósito de libertad creadora y con una modalidad no expansiva basada en el propósito básico del director.
En el otro lado del túnel tenemos a uno de los muchísimos representantes del cine comercial, en este caso es “Sin city” (2005) dirigida por Frank Miller con la colaboración de Quentin Tarantino. Posiblemente vista por unos cuantos millones de personas, trata temas urbanos relacionados con la violencia, el desacato a la justicia, la criminalidad en las calles y los problemas sociales que en estas recurren. Está llena de efectos especiales y en su elenco destacan figuras reconocidas como Jessica Alba o Bruce Willis. Además de esto no podemos decir que se profundice en la visión del autor ya que este se basa en la serie de comics gráficos de Frank Miller, en la cual se basaron directores reconocidos con su ayuda con tal de llevarla a la gran pantalla. Pero, como mencione anteriormente existe un espacio ocupado en el centro del túnel, al cual corresponden según mi punto de vista películas tales como “Shoulder Arms” (1918) de Charles Chaplin. No podemos afirmar que no vayan dirigidas a un público masivo porque estaríamos alimentando una gran mentira, es más, el hecho de que si estén encaminadas a un gran público podría ser uno de los mayores efectos positivos que se pudieran lograr, expandir el pensamiento artístico de un sabio a lo largo del mundo, como se logro con este genio del cine. No eran películas plenamente encaminadas a la obtención de dinero (aunque si lo obtuvieron) y tampoco eran plenamente subjetivas y mentales como a veces se pretende con el cine de autor (aunque si conllevaron a la muestra ideológica de Chaplin en este caso).Si solo nos dejáramos llevar por uno de aquellos dos extremos caeríamos en la trampa de subestimar el altísimo potencial del arte que nos hemos negado a deleitar. No todo son explosiones, fuego, barcos gigantes con piratas poseídos u hombres azules defendiendo su planeta cientos de años en el futuro, mas tampoco todo se remite a la esencia subjetiva de un pensador que ve las palomas rojas y las mangueras vivas como serpientes de mar. Las dos son vertientes de la misma gran muestra de arte, ninguna mejor que la otra aunque si susceptibles de unirse con tal de llegar al esplendor máximo, dando como ultima alabanza a un director, que según mi visión, bordeó estos estereotipos y aporto en la segunda mitad del siglo una de las mejores muestras cinematográficas jamás antes vistas: El brillante y admirable Stanley Kubrick.